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Jorge, ingeniero industrial: “Es falso que dejar la calefacción encendida todo el tiempo ahorre dinero”

Hombre ajustando un termostato en la pared de una sala iluminada por el sol junto a una mesa de madera con cinta adhesiva y c

Across Europa y el Reino Unido, las familias debaten si tiene sentido mantener los radiadores encendidos todo el día a una potencia baja. Con los precios del gas y la electricidad al alza, este hábito parece seguro, casi racional. Sin embargo, un ingeniero industrial especializado en energía doméstica afirma que esa idea debería ir directa a la basura.

El mito de la calefacción «siempre encendida»

La afirmación suena lógica al principio: si la casa nunca se enfría, la caldera «trabajará menos» y el sistema consumirá menos energía. Hilos en redes sociales repiten el mantra, y algunos caseros incluso se lo recomiendan a sus inquilinos.

Desde el punto de vista energético, mantener la calefacción encendida constantemente a baja temperatura para ahorrar dinero es falso, dice el ingeniero industrial Jorge Morales de Labra.

Morales de Labra, ingeniero industrial español y voz habitual sobre consumo energético, desgranó recientemente el razonamiento en la radio. Su argumento va directo a la física: cualquier sistema de calefacción consume energía cada minuto que está funcionando. Cuanto más tiempo permanezca encendido, más consume, aunque el termostato esté a una temperatura baja.

Añade que, por lo general, compensa apagar la calefacción por completo cuando sales de casa, incluso para un recado corto. Si sales unos minutos a comprar pan, sostiene, apagar y volver a encender la caldera suele seguir consumiendo menos que dejarla funcionando en segundo plano.

Por qué lo de «bajo y constante» no cuadra

La pérdida de calor nunca se detiene

Las viviendas pierden calor de forma constante a través de paredes, tejados, ventanas y pequeñas rendijas en las puertas. Esa pérdida aumenta cuando crece la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior. Así que, si mantienes tu casa a 20 °C mientras fuera hay 5 °C, el calor se escapa cada minuto del día.

Para sostener esos 20 °C de manera constante, tu caldera o bomba de calor debe aportar energía una y otra vez. Apagar la calefacción permite que la temperatura interior baje ligeramente, reduciendo la diferencia con el aire exterior y recortando esas pérdidas durante el periodo en que está apagada.

En el momento en que se detiene la calefacción, la pérdida de calor se ralentiza. Menos tiempo funcionando suele significar menos energía consumida a lo largo de la semana o del mes.

Las pausas cortas también importan

Mucha gente cree que apagar solo tiene sentido en ausencias largas. Morales de Labra lo cuestiona. Incluso pausas de 20–30 minutos pueden generar ahorros medibles, porque el sistema queda inactivo y no entra combustible durante esa ventana.

Las calderas modernas y las bombas de calor arrancan de forma eficiente y no sufren las mismas penalizaciones que los sistemas antiguos. El «coste de arranque» -ese pico de energía cuando el sistema se reinicia- no supera la energía ahorrada durante un periodo de apagado moderado en la mayoría de viviendas razonablemente aisladas.

Termostatos, no intuición

Los sistemas de calefacción en casas reales rara vez se comportan con la pulcritud que muestran en teoría. Las habitaciones se calientan a ritmos diferentes, los radiadores acumulan aire, los ocupantes abren ventanas. Un termostato programable controla mejor ese caos que el tanteo.

  • Ajusta un rango cómodo diurno en torno a 19–21 °C para las zonas de estar.
  • Deja dormitorios y pasillos algo más frescos.
  • Baja la consigna varios grados por la noche y cuando la casa esté vacía.
  • Usa horarios para adaptar la calefacción a tu rutina real.

Los especialistas en energía suelen repetir la misma advertencia: cada grado adicional en el termostato puede aumentar el consumo aproximadamente un 6–8%. Ese pequeño giro del mando, si se hace sin pensar, pesa mucho en la factura a lo largo de todo el invierno.

Formas prácticas de reducir el coste de la calefacción en invierno

Temperatura, horario y comportamiento

Morales de Labra insiste en que una buena gestión de la calefacción tiene menos que ver con pasar frío y más con usar energía solo cuando y donde aporta confort.

El objetivo no es «gastar menos a cualquier precio», sino usar mejor la energía y evitar un despilfarro que nunca mejora el confort.

Tres palancas determinan la mayoría de las facturas domésticas: la temperatura, las horas de funcionamiento y el rendimiento del edificio.

Acción Impacto típico
Reducir el termostato 1 °C Aproximadamente un 6–8% menos de consumo
Apagar la calefacción al salir Reduce el tiempo de funcionamiento y el combustible total consumido
Mejorar el sellado de puertas y ventanas Reduce corrientes de aire y ralentiza la pérdida constante de calor
Usar horarios diarios Calefacción solo cuando la vivienda está ocupada

Aislamiento y arreglos sencillos en casa

Ninguna estrategia funciona bien en una vivienda que pierde calor por todas partes. Los pisos mal aislados pueden perder calor tan rápido que la caldera entra y sale de funcionamiento constantemente, incluso con temperaturas moderadas. Mejorar el aislamiento aporta ahorros a largo plazo, pero a menudo empieza por pasos simples y de bajo coste.

Los hogares pueden actuar en varios puntos sin obras:

  • Sellar rendijas alrededor de ventanas y puertas con burletes adhesivos.
  • Usar cortinas gruesas y cerrarlas por la noche para retener el calor interior.
  • Poner alfombras en suelos fríos para reducir la sensación de frío.
  • Cerrar puertas interiores para mantener el calor en las habitaciones que realmente usas.

Estas medidas ralentizan la pérdida de calor, de modo que el sistema de calefacción descansa más y funciona en intervalos más cortos.

Aprovechar bien el calor solar gratuito

Incluso en climas del norte, el sol de invierno aporta calor gratis. Las ventanas orientadas al sur actúan como radiadores pasivos cuando persianas y cortinas se mantienen abiertas durante el día. Cuando se pone el sol, cerrar todo con rapidez ayuda a conservar parte de esa ganancia en el interior.

Piensa en cortinas y persianas como una segunda capa de aislamiento temporal que controlas cada día sin coste adicional.

La diferencia entre una vivienda que aprovecha la ganancia solar durante todo el día y otra que permanece cerrada tras persianas puede llegar a varios grados, especialmente en salones pequeños.

Repensar hábitos comunes de calefacción

Confort frente a costumbre

Muchos rituales en torno a la calefacción provienen del miedo al frío más que de datos reales. La gente deja los radiadores encendidos «por si acaso», o calienta habitaciones que no usa porque «siempre se ha hecho así». Cuando los precios de la energía se disparan, esos hábitos pasan factura.

Los ingenieros energéticos suelen recomendar un ejercicio sencillo: recorre tu casa una tarde y pregúntate, para cada estancia, cuándo y por qué necesita calor. Un cuarto de invitados, un trastero o un pasillo pueden requerir mucha menos temperatura que el salón o el dormitorio de un niño.

Esa reflexión suele conducir a zonas calefactadas más pequeñas, tiempos de funcionamiento más cortos y facturas más bajas, mientras el confort apenas cambia.

Cuándo puede resultar tentador lo de «siempre encendida»

Hay casos muy concretos en los que una calefacción casi continua a baja potencia parece atractiva: edificios muy antiguos con muros de piedra gruesos, viviendas con problemas serios de humedad o personas con necesidades médicas específicas que no toleran cambios de temperatura. Incluso ahí, los ingenieros suelen trabajar con reducciones controladas (setbacks) en vez de un funcionamiento realmente constante.

En lugar de tener una caldera funcionando 24/7, un especialista podría sugerir una bajada menor por la noche, un ajuste moderado de día y mejoras puntuales en las paredes o ventanas más expuestas. El principio se mantiene: limitar el tiempo de funcionamiento y evitar grandes saltos de temperatura interior–exterior cuando en realidad no estás usando ese espacio.

Mirando al futuro: calefacción más inteligente, no más intensa

Los termostatos inteligentes y las válvulas conectadas añaden ahora otra capa de control. Aprenden patrones de ocupación, detectan ventanas abiertas y ajustan habitación por habitación. Para muchos hogares, estos dispositivos ofrecen una forma sencilla de romper con el mito del «siempre encendida», porque el sistema recorta automáticamente la calefacción durante las ausencias.

Una familia puede, por ejemplo, programar la casa para estar a 17 °C durante el horario laboral, subir a 20 °C una hora antes de volver y bajar de nuevo al acostarse. La caldera funciona menos, las habitaciones se sienten confortables al llegar y las facturas se reducen a lo largo de la temporada.

Para quien no tenga claro cómo se comporta su vivienda, un pequeño experimento durante dos semanas frías ayuda. Mantén tu nivel habitual de confort, pero compara dos patrones: una semana con calefacción constante baja y otra con calefacción por horarios y pequeñas bajadas. Ver el consumo real en un contador inteligente suele cambiar opiniones más rápido que cualquier discurso técnico.

Detrás del debate hay una cuestión más amplia: cómo vivir bien durante los meses fríos sin tirar dinero y energía por la ventana. La respuesta, según ingenieros como Jorge Morales de Labra, no está en dejar los sistemas zumbando en silencio en segundo plano, sino en elegir cuándo el calor importa de verdad -y recortar el resto.

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