Correos que parpadean, mensajes sin leer, pestañas por todas partes, una notificación de Slack que vibra en el peor momento.
En la pantalla, todo parece urgente. En la cabeza, todo se mezcla. Pasas de un archivo a otro, respondes a un compañero, echas un vistazo al grupo de WhatsApp de la familia. Y, curiosamente, cuanto más haces a la vez, más tienes la sensación de perder el hilo. Lo peor es que te dices que no tienes elección. Que eso es ser «productivo» hoy. ¿Y si el verdadero error no fuera hacer multitarea… sino hacerlo en el momento equivocado?
El martes a las 10:17, en un open space demasiado iluminado, una joven jefa de proyecto hace malabares entre cuatro ventanas. Tiene abierta la presentación para el cliente, pero a la vez responde a mensajes de Teams, supervisa una entrega y hace scroll en LinkedIn «solo dos minutos». La mirada le salta de una esquina de la pantalla a otra. La mano se mueve rápido con el ratón, como si la velocidad lo compensara todo. Parece ocupada. En realidad, casi no avanza. La frase que empezó hace cinco minutos sigue sin terminar. Suena un timbre pequeño. Nuevo correo. Lo abre. Todavía no lo sabe, pero su cerebro acaba de pagar el precio completo.
Por qué la multitarea se dispara cuando ya te sientes desbordado
Las personas que se sienten desbordadas no hacen multitarea «por placer». Lo hacen como quien busca aire en una habitación demasiado llena. Tu cerebro está bajo presión y, para tranquilizarse, quiere tocarlo todo al mismo tiempo. Responder a ese correo, un microavance aquí, un mensaje leído allá. Acumulas microacciones, vas tachando minitareas, te das la sensación de moverte. Pero la gran tarea que te aplasta sigue intacta. Te mira, al fondo de la pantalla.
Todos hemos vivido ese momento en el que terminas el día agotado y no sabes decir qué has logrado realmente. Solo recuerdas esa danza permanente entre apps de mensajería, documentos, redes, llamadas entrantes. Has estado «haciendo cosas» sin parar, pero nada sólido. Ahí es donde la multitarea se vuelve engañosa. Te da la ilusión de avanzar, cuando en realidad fragmenta tu atención en migas. Acabas vacío, sin una satisfacción clara, como después de un día de picoteo constante.
Un estudio de la Universidad de Stanford mostró que los grandes multitaskers en realidad son peores filtrando información inútil, cambiando entre tareas y memorizando lo que acaban de leer. Su cerebro se fatiga antes. Y cuando ya estás desbordado, ese coste mental se dispara. Tu sistema nervioso ya está al límite, atrapado entre estrés, notificaciones y pequeñas urgencias. Cada cambio de tarea se convierte en una mini carga cognitiva extra. Con el tiempo, entras en un estado extraño: trabajas mucho, pero ya no consigues pensar en profundidad. Estás en todas partes, salvo donde deberías estar.
Cuándo la multitarea ayuda… y cuándo destruye silenciosamente tu concentración
La multitarea no siempre es el enemigo. Hay momentos en los que combinar dos actividades funciona muy bien: escuchar un podcast mientras cocinas, responder a mensajes sencillos mientras esperas al teléfono, ordenar carpetas mientras sigues una reunión de equipo en la que apenas intervienes. Estas situaciones usan recursos diferentes de tu cerebro. Puedes apilarlas sin demasiados daños. El problema empieza cuando mezclas varias tareas que exigen reflexión, lenguaje y decisiones. Ahí se rompe.
Imagina a un desarrollador que intenta escribir un fragmento de código delicado mientras mantiene abiertas las notificaciones del chat. Cada dos minutos llega un mensaje. Lo lee, responde, vuelve al código. Cada vez tiene que recordar por dónde iba, recargar el contexto mental, recuperar la lógica. Al cabo de una hora, cree que ha trabajado sin parar. En realidad, apenas ha avanzado. Es exactamente lo que le pasa también a la estudiante que repasa un examen con TikTok al alcance del pulgar, o al mánager que redacta un informe entre dos llamadas de Skype.
A nivel cognitivo, el verdadero asunto no es «hacer varias cosas a la vez», sino la naturaleza de esas cosas. El cerebro humano no gestiona bien dos tareas que reclamen al mismo tiempo lenguaje, razonamiento o toma de decisiones. Puedes caminar y hablar. Puedes tender la ropa escuchando un audio de trabajo. Pero escribir un correo importante durante una reunión estratégica es tirar de la misma reserva mental en dos direcciones. Te cansas el doble para un resultado el doble de pobre. Hacer multitarea en el momento equivocado es como abrir todas las apps del móvil y quejarte luego de la batería.
Cómo elegir el «momento adecuado» para hacer multitarea cuando todo parece urgente
La clave no es dejar de hacer multitarea por completo. Es colocarla en el lugar correcto de tu día. Empieza por identificar tus franjas de alta energía mental, a menudo las primeras horas de la mañana o justo después de una pausa de verdad. Esos momentos son sagrados. Los reservas para una sola tarea profunda: escribir, pensar, decidir, crear. Cortas al máximo las interrupciones. Incluso 45 minutos completos marcan la diferencia. Le das a tu cerebro un espacio sin fragmentación, donde rinde mejor.
Las fases en las que ya estás cansado, entre reuniones o después de comer, se adaptan mejor a tareas «multitarea»: respuestas cortas de correos, organización del calendario, clasificación de archivos, actualización de documentos sencillos. Puedes combinarlas con la escucha pasiva de una reunión de equipo o con la espera de una llamada. Ahí, la multitarea se convierte en aliada: optimizas momentos que, de todos modos, no serían los más brillantes. Seamos sinceros: nadie lo hace todos los días con una disciplina perfecta. Pero apuntar a 2–3 franjas bien escogidas a la semana ya cambia el panorama.
Un truco simple: antes de empezar el día, haces una minilista en dos columnas. A la izquierda, las tareas de «cerebro profundo». A la derecha, las tareas de «cerebro ligero». Decides de antemano cuándo harás monotarea total y cuándo aceptarás un poco de multitarea controlada. Sales del modo «reaccionar a todo» y entras en el modo «elegir cuándo me disperso». No se vuelve todo mágico, pero la sensación de ahogo baja. Ya no sufres cada notificación como si fuera un destino.
«Tu cerebro no es un navegador con 32 pestañas abiertas. Se parece más a un cuaderno: funciona mejor cuando de verdad se usa una sola página cada vez».
- Bloquea 1 franja de concentración al día, aunque sea corta, para una sola tarea difícil.
- Guarda tus tareas pequeñas para los momentos de bajón o de espera.
- Corta al menos una gran fuente de distracción en tus franjas profundas.
| Punto clave | Detalles | Por qué le importa a los lectores |
|---|---|---|
| Usa el tiempo de máxima concentración para la monotarea | Reserva tus 60–90 minutos más lúcidos (a menudo a primera hora) para una tarea exigente: escribir, planificar, resolver problemas complejos. Silencia notificaciones y cierra pestañas extra. | Es cuando creas el trabajo que de verdad hace avanzar tu vida o tu carrera, en lugar de solo sobrevivir a la bandeja de entrada. |
| Agrupa las tareas «de poco cerebro» para una multitarea ligera | Agrupa tareas administrativas como ordenar archivos, respuestas rápidas o programar citas mientras estás en espera, desplazándote o escuchando reuniones de baja exigencia. | Liberas espacio mental para el resto del día y dejas de malgastar tu mejor energía en trabajo que no la necesita. |
| Define tus zonas de cero multitarea | Elige situaciones específicas en las que nunca haces multitarea: entrevistas de trabajo, 1:1 con tu jefe, sesiones de estudio profundo, llamadas clave con clientes. | Estos momentos moldean cómo te ven los demás y qué resultados obtienes; protegerlos de la distracción aumenta tu impacto rápidamente. |
Vivir con menos ruido mental cuando el mundo sigue gritando por tu atención
El mundo no va a volverse más tranquilo. Las apps no van a dejar de enviarte alertas de repente. Los compañeros no van a empezar, de golpe, a respetar tu tiempo de concentración. El verdadero cambio ocurre por dentro: en qué momento aceptas mezclarlo todo y en qué momento declaras tu espacio mental como no negociable. Es una forma de microrebeldía invisible, casi íntima.
Puedes empezar muy pequeño. Una reunión en la que decides no abrir el móvil. Un trayecto en transporte sin hacer scroll, solo para dejar que tus pensamientos vuelvan a su sitio. Una hora a la semana en la que desconectas el chat del equipo para terminar por fin ese expediente atrasado. No son gestos heroicos, sino elecciones repetidas. Con los días, te sorprenderás sintiéndote menos aplastado, aunque tus tareas no hayan disminuido realmente.
Quizá la próxima vez que te sientas desbordado recuerdes esta idea extraña: no es tanto el volumen de trabajo lo que te mata, sino el momento en que decides dispersarte. Si cambias solo eso, sin cambiar de trabajo ni de vida, algo se abre. Una especie de silencio en medio del ruido. Y en ese silencio, redescubres algo que la multitarea te había robado discretamente: la sensación clara de haber hecho de verdad una cosa, hasta el final.
Preguntas frecuentes (FAQ)
- ¿La multitarea es siempre mala para la productividad?
No siempre. Combinar una tarea mental con una física o automática (como doblar la ropa mientras escuchas un curso en audio) puede funcionar bien. El problema empieza cuando intentas hacer dos tareas de pensamiento a la vez, como redactar un informe mientras chateas o haces scroll.- ¿Cómo sé si estoy haciendo multitarea en el momento equivocado?
Si pierdes el hilo constantemente, relees la misma línea varias veces o terminas una hora muy ocupada sin haber acabado nada concreto, es una señal. Tu cerebro cambia demasiado a menudo y paga un impuesto mental oculto cada vez.- ¿Qué cambio simple puedo probar esta semana?
Elige una franja de 45 minutos en dos días distintos y haz monotarea pura en tu tarea más importante. Sin notificaciones, sin bandeja de entrada, una sola pestaña. Observa cuánto haces comparado con tu hora habitual, más dispersa.- ¿Y si mi trabajo me exige estar disponible constantemente?
Aun así puedes crear microventanas. Comunica a tu equipo que estarás «a tope» durante 25 minutos y luego disponible 10. Incluso sprints cortos de concentración con horas de revisión acordadas reducen el caos sin bloquear a la gente.- ¿Usar el móvil mientras veo la tele cuenta como multitarea?
Sí, pero sobre todo se come tu tiempo de descanso más que tu tiempo de trabajo. Tu cerebro no descansa de verdad. Cambiar este hábito de vez en cuando por un descanso real o por una sola actividad elegida puede recargarte mucho más.
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